Culiacán Mazatlán Ahome

Culiacán

  Culiacán Rosales, es uno de los polos de desarrollo regional del noroeste mexicano, que…

Mazatlán

Dentro de la geografía del Estado de Sinaloa, una de las ciudades más importantes debido…

Ahome

Para algunos autores el nombre de Ahome procede del concepto Au joome, que se entiende en traducción…

Culiacán

escudo culiacan ok

 

Culiacán Rosales, es uno de los polos de desarrollo regional del noroeste mexicano, que puede significar Colhuacán o Teocolhuacán lugar de culebras, Cerro torcido, donde tuercen los caminos y donde adoran al Dios Coaltzin.

Existió antiguamente una población indígena llamada Huey Culhuacan que se remonta al tec-pall, que corresponde al año 628 de nuestra era; los aztecas la edificaron durante su peregrinación. Se ignora su ubicación exacta, pero se supone que estuvo próxima al actual pueblo de Culiacancito. Aquí nació el culto a Huitzilopochtli, el Dios Guerrero de la mitología Azteca.

A su llegada a nuestro municipio en el siglo XVI, los españoles encontraron la existencia de caseríos organizados en naciones indígenas que reunían a un conjunto de personas de un mismo origen e idioma que tenían una tradición común, sus límites eran los elementos naturales, como los ríos, montañas, entre otros.

Tras su guerra de conquista, Nuño Beltrán de Guzmán (1531), organizó los territorios adquiridos en tres Provincias, una de ellas fue la de Culiacán que quedó delimitada, al sur, por el río Elota y en el norte por el río Mocorito, dependiendo esta del Reino de la Nueva Galicia; así duró hasta 1786, año en que se implementó el sistema de Intendencias, pasando Sonora y Sinaloa a formar la Intendencia de Arizpe y la antigua Provincia de Culiacán dio vida al Partido del mismo nombre con igual jurisdicción. La separación de la intendencia en dos gobernaciones se aprobó en 1830.

Un año más tarde, el Congreso de la Unión decretó nuevamente la fusión de Sonora y Sinaloa para dar vida al Estado de Occidente, que para el caso de Sinaloa se formó con los departamentos de El Fuerte, Culiacán y San Sebastián, y sus respectivos ayuntamientos. El de Culiacán comprendía el Partido de su nombre y el de Cosalá.

En 1861, se instalaron prefecturas y se decretó la Ley de Municipalidades que dividió a los Distritos en Ayuntamientos. El Distrito de Badiraguato quedó suprimido y pasó a ser parte del Distrito de Culiacán como Municipalidad.

Para 1878, Culiacán contaba con tres Ayuntamientos, cuyas cabeceras eran Culiacán, Quilá y Badiraguato, así permaneció hasta que en 1880 Badiraguato volvió a ser Distrito con los límites que anteriormente le correspondían. 1912, fue el año en que por ley se establecieron a las Municipalidades como una nueva forma de gobierno interno, pero es hasta 1915 en que se suprimieron las Directorias Políticas, entrando en vigor dicha ley, originando que los Distritos se convirtieran en municipios libres.

Culiacán se constituyó como municipio mediante decreto publicado el 8 de abril de 1915, comprendiendo dentro de sus límites al actual municipio de Navolato que le fue segregado en 1982, según decreto del 27 de agosto de ese año, perdiendo de esta manera 2 mil 285 kilómetros cuadrados del valle agrícola. En la actualidad el Municipio de Culiacán se forma con 4 mil 758.9 kilómetros cuadrados, superficie que para fines políticos y administrativos se encuentra organizada en 17 Sindicaturas y la Alcaldía Central.

El Culiacán prehispánico, perteneció a lo que se conoce como la mesoamérica marginal, debido a que no se alcanzó un desarrollo cultural y económico a la manera de los radicados en el altiplano, situación que propició que sus límites estuvieran marcados por elementos geográficos como el cauce de los ríos, el relieve, la costa, entre otros.

En el Municipio, la nación de los tahues se estableció en la parte media y en la costa. Fue el grupo que alcanzó un nivel cultural más elevado en Sinaloa, razón, por lo que son comparados con los grupos más avanzados de Jalisco y Michoacán.

Su economía se sustentaba en el cultivo de maíz, algodón, chile, calabazas y fríjol; así mismo recolectaban tunas, pitahayas y semillas de mezquite; en ríos y en la costa obtenían pescado y marisco; otra actividad era la explotación de salinas. Con el algodón fabricaban textiles, su cerámica tenía formas más elaboradas en relación a la de otros pueblos de la región, asimismo mantenían relaciones de intercambio comercial. Los tahues dieron vida a los pueblos de Culiacán, Colombo, Olagueruto, Tecimeto, Yevabito, Navolato, Comoloto, Otameto, Altamura, Bachimeto, entre otros.

Otro grupo fue el de los lacapaxa llamados también pacaxes o capaxees, que formaron los pueblos de Abuya, Tacuichamona, Tabalá, Oso, Navito, Quilá, Tomo, Sanalona e Imala. Según las crónicas eran tribus relativamente pacificas dedicados a la agricultura, pesca, caza y a la explotación de salinas. Rumbo a la sierra, y desde la corriente del río Humaya y hasta el río Sinaloa, tenían sus caseríos la nación de los tebecas, ellos dieron vida a los pueblos de Humaya, Mojolo y Tepuche. Estas gentes vivían del cultivo de fríjol, calabaza y maíz, además de practicar la caza y la pesca.

 

El 29 de septiembre de 1531, el capitán español Nuño Beltrán de Guzmán fundó en un lugar que se desconoce, a la orilla del río San Lorenzo y cerca de Tabalá, la Villa de San Miguel, pero debido a las inundaciones y a las rebeliones indígenas el asentamiento fue trasladado a diferentes lugares, hasta que definitivamente se cambió a la confluencia de los ríos Humaya y Tamazula, sitio que actualmente ocupa con el nombre de Culiacán Rosales. Los europeos exterminaron a los tahues mediante la explotación y las enfermedades.

En siglo XVI, la villa se convirtió en el centro de operaciones para la explotación, conquista, evangelización y colonización del noroeste, además de ser, en estas altitudes, el último punto civilizado del mundo novo hispano.

En 1765, el obispo Pedro Tamarón y Romeral anotó que los vecinos de Culiacán aún vestían a la usanza de la época de Nuño Beltrán de Guzmán y que el consumo de papel era muy bajo. Dentro de la economía colonial, la minería era la actividad preferida por los españoles debido a la riqueza y prestigio que proporcionaba. En la Provincia de Culiacán, los principales reales mineros fueron Santiago de los Caballeros, San Javier y Cariantapa. El cultivo de la tierra, era una actividad muy apreciada por las comunidades indígenas, pero aquí hubo mayor participación de labradores no indígenas que eran propietarios de campos y los explotaban con peones mestizos y mulatos. El ganado en pie era enviado a los reales de minas de la región y de los actuales estados de Durango y Chihuahua.

El comercio era practicado en todos sus niveles, desde el tipo buhonero hasta el por mayor. Los comerciantes movían sus mercancías usando recuas, recorrían las comarcas comprando productos que luego cambiaban por otras mercancías, esta situación se daba porque no circulaba moneda alguna.

Los comerciantes más importantes traían desde la ciudad de México diversos productos europeos, asiáticos o de otras regiones. Estos comerciantes, que además eran prestamistas, controlaban gran parte de la vida económica regional.

Durante dos siglos, por así convenir al Consulado de Comerciante de México, la transportación de mercancías y personas se realizó vía terrestre usando El Camino Real de Tierra Adentro, que comunicaba a Culiacán con la Ciudad de Durango y de ahí se viaja, al norte, hasta Santa Fe en Nuevo México, al sur, con la ciudad de México; otra opción era seguir el Camino de la Costa, mismo que al norte llegaba hasta Tucson Arizona, y al sur, con Guadalajara y la Ciudad de México.

La arriería era una ocupación importante, que implicaba mucha responsabilidad y daba prestigio a quienes la practicaban. Conducir una recua desde Sinaloa hasta la ciudad de México podía tardar hasta seis meses.
Formando parte de la vida económica regional estaba la explotación de las salinas, las pesquerías y la producción de pescado seco, así como la fabricación de artesanías.

En los inicios del siglo XIX, la ciudad de Culiacán sufrió cambios importantes, que vinieron a modificar gradualmente la imagen del asentamiento, en primer lugar los residentes aumentaron a 14 mil personas. Las familias principales se consolidaron alrededor de la plaza mayor, sin rebasar la calle Hidalgo (Camino Real de la Sierra) que era el limite al sur, por otro lado, la villa se extendió de oriente a poniente, siendo sus límites, en poniente la actual avenida Domingo Rubí y al oriente la avenida Aquiles Serdán.

Al norte estaba limitada por la corriente del río Tamazula. 1800-1810, la vida del Partido de Culiacán era controlado por una oligarquía de criollos y españoles. La mayoría de los culiacanenses trabajaban la agricultura que se vio reanimada por la relación entre hacienda, minas y estancias ganaderas, esta nueva situación fue aprovechada por el grupo local de notables, quienes apoyándose en el comercio se enriquecieron e incursionaron en otras actividades.

Los notables, españoles de origen, eran ricos, educados e influyentes; tan era así que sin tener cargos en el gobierno sus opiniones contaban ante las autoridades locales. Ellos eran hijos de familias distinguidas y formaban la elite de la sociedad y por esa razón eran dueños de los negocios.

En Culiacán radicaban las familias De la Vega, Fernández Rojo, Martínez de Vea y Espinosa de los Monteros. El movimiento de independencia no les atrajo como para participar militarmente ni con contribuciones económicas importantes, pero si visualizaron que sus aspiraciones políticas podrían cumplirse al amparo del régimen republicano nacional que se estaba formando, además que podían seguir gozando de los privilegios, por eso quienes en un principio se opusieron a la independencia, terminaron jurándola.

En el siglo XIX, es evidente el surgimiento de una tradición de gobierno autónomo, sobre todo por el aislamiento geográfico con relación al poder político central, con sede en la ciudad de México. Así en 1831, al formarse el Estado de Sinaloa, Culiacán se convirtió en la capital. Sin embargo, también es cuando la ciudad de Culiacán inició su proceso de urbanización. A nivel estatal destacaron la serie de enfrentamientos por el poder político y económico de la familia De la Vega de Culiacán contra los grupos de notables de Mazatlán.
La región de Culiacán activó sus conexiones interregionales a partir del puerto de Altata, abierto al cabotaje desde mayo de 1834, que le permitió conectarse más rápidamente que por tierra con Mazatlán, Guaymas y otros puntos del Pacífico, y funcionar como punto facilitador del contrabando con ingleses y estadounidenses.

En la mitad del siglo XIX se inició en la ciudad la construcción de importantes edificios, destacando entre los de origen civil, Los Portales de la Plaza de Armas, la Casa de la Moneda y la Fábrica de Hilados y Tejidos El Coloso de Rodas; el Seminario Nacional y Tridentino de Sonora, además de la Catedral de Nuestra Señora del Rosario y El Panteón San Juan Nepomuceno.

En 1861, la ciudad mostraba una consolidación del casco urbano que seguía el curso del río Humaya, donde al poniente llegaba hasta la avenida que hoy se conoce como Donato Guerra y al oriente por la barranca, hoy Aquiles Serdán; al norte la expansión era detenida por la corriente del río Tamazula, al sur se expandió hasta la hoy calle Cristóbal Colón. En la etapa histórica como la de la República Restaurada (1867-1877), la economía del estado en lo general y la de Culiacán en lo particular se encontraba desbastada por la inestabilidad política, esto desincentivo las inversiones y el comercio, hay que agregar que la incomunicación se acentuó por la mala situación de los caminos que por lo general eran angostos, intransitables y de herradura.

En los meses comprendidos de noviembre a mayo se podía viajar en diligencias, mientras que las mercancías se trasladaban en carretas o a lomo de mulas. El puerto de Altata continúo siendo una opción rápida y barata para el movimiento de cabotaje de mercancías y personas. El telégrafo fue un medio que modernizó las comunicaciones, por eso en 1877 se trabajaba en la línea que comunicó a Culiacán con Cosalá.

En ese tiempo y en Culiacán, la minería practicada en San Lorenzo, Palo Blanco y La Quebrada Honda eran de menor importancia en relación a otros centros mineros en el estado; la Fábrica El Coloso de Rodas, elaboraba telas y textiles para el mercado local formado por las clases populares; en 1876 se construyó el ingenio azucarero de La Aurora.

Es importante señalar que la educación primaria fue impulsada por el sector público, la educación secundaria se impartía en el Seminario, mientras la instrucción preparatoria y profesional era responsabilidad del Colegio Rosales (hoy Universidad Autónoma de Sinaloa), institución que en 1873 fue trasladada de Mazatlán a la ciudad de Culiacán.

En 1877, y con el ascenso a la Presidencia de la República de Porfirio Díaz Mori, se inició lo que se conoce como el porfiriato, periodo que se caracterizó por el logro de una estabilidad política que permitió al país y a la región integrarse, de manera dependiente, a una economía capitalista. Díaz impone en los puestos administrativos y gubernaturas a sus amigos y seguidores, por esa razón, Francisco Cañedo asume la gubernatura de Sinaloa, y salvo el periodo que alterno con el ingeniero Mariano Martínez de Castro, ya no lo dejó hasta que murió en 1909.

En este periodo, el Distrito de Culiacán adquirió mayor importancia, aparte de ser la sede de los poderes públicos, se comenzó a dar un proceso de concentración de la actividad comercial e industrial, además que la agricultura incrementó su importancia.

En 1910 radicaban en su territorio casi 52 mil personas (16 por ciento de los sinaloenses) y lo que le permitió destacar como el más poblado, así mismo la ciudad de Culiacán rebasaba los 11 mil habitantes a diferencia de los 18 mil que habitaban en el puerto de Mazatlán.

En 1880, Culiacán se podía comunicar a todos los demás distritos a través del telégrafo; el primer ferrocarril que operó en Sinaloa fue el Ferrocarril Occidental Mexicano mejor conocido como El Tacuarinero, que cubría los 62 kilómetros que median entre el puerto de Altata y la ciudad de Culiacán.

Entre 1900 y 1910 se tendió la parte sinaloense del ferrocarril Southern Pacific (actual Ferrocarril del Pacífico), que recorre al estado en toda su longitud, y que lo comunicó directamente con Sonora y la frontera estadounidense y en 1927, la vía férrea llegó hasta Guadalajara.

Entre 1900 y 1905 creció notablemente el movimiento comercial portuario, sobre todo en Altata pues por ahí se manejaba azúcar de exportación, esto duró hasta 1909, pues se vio afectado por la llegada del ferrocarril del Pacifico. Por Altata había comunicación con La Paz, Mazatlán y Guaymas.

La agricultura y hasta 1909 conservó las mismas características que tuvo a lo largo del siglo XIX, es decir, se producía para el consumo interno de los sinaloenses, los productores utilizaban tecnologías tradicionales y se levantaban cosechas de productos alimentarios como el maíz, fríjol, trigo, hortalizas y frutas, aunque también se sembraban cultivos para industria local, como es el maguey, caña de azúcar, tabaco y algodón.

A finales del siglo XIX y principios del XX, y como resultado de la política nacional, aparecen en nuestro municipio, una serie de empresas capitalistas que vinieron a impulsar una agricultura de riego, modernas redes de distribución de sus productos y la aparición de agroindustrias como son los casos concretos del ingenio La Primavera (1893) ubicado en Navolato y el ingenio de Eldorado (1900) construido en el pueblo del mismo nombre.

Las instituciones financieras surgen durante el gobierno de Cañedo, pues en 1900 el Banco Occidental de México establece en la Ciudad de Culiacán una agencia; más tarde, en 1909, el Banco de Sonora abre una sucursal.

Los aires de modernidad también transformaron a la ciudad de Culiacán y esto se reflejó en su arquitectura, vialidades y servicios públicos, siendo el responsable de esta nueva imagen el ingeniero arquitecto Luis F. Molina, quien fue traído desde el centro de la república para tan loable tarea.

De 1890 a 1910, Molina reordenó la traza urbana para encauzar construcciones dispersas de la periferia y realizó un programa de nomenclatura de las calles; creó el boulevard 2 de Abril (hoy Francisco I. Madero), además de la calle Francisco Cañedo (hoy Francisco Villa). A él se le debe la construcción del Puente Miguel Hidalgo sobre el río Tamazula, que actualmente comunica el centro de la ciudad con el norte de la ciudad; su obra cumbre fue el Teatro Apolo (derrumbado en 1949).

A él se le debe el diseño y construcción de la plazuela Antonio Rosales, además de varios edificios del entorno, como son los actuales recintos del Instituto Sinaloense del Deporte, Centro de Idiomas, Casa de la Cultura de Universidad Autónoma de Sinaloa y la planta baja del edificio central de dicha institución educativa.

Su genio arquitectónico también se puede apreciar en la iglesia del Santuario o del Sagrado Corazón de Jesús, en el actual recinto de la Universidad Casablanca y en el Mercado Garmendia, que por cierto, este último lo inicio pero por causa del movimiento armado dejó inconcluso.

Otra obra fue la Cárcel Pública (derrumbada en los 70´s del siglo XX).

Uno de los problemas más añejos que enfrentaba la ciudad era la carencia de servicio básico de agua potable, razón por la que el suministro del vital líquido se hacía a través del acarreo en burro desde el río.

El drenaje era un servicio casi ausente en la ciudad, solo algunos edificios importantes usaban ductos para descargar las aguas usadas al río Tamazula, panorama que se modificó a partir de 1890 al construirse los primeros caños que ligaron las calles recolectando las aguas negras, que sin tratamiento continuaron siendo vertidas a la corriente del río.

En 1894, Carlos Escobar dio inicio al servicio de energía eléctrica y alumbrado público, pero ante problemas técnicas y administrativas con la empresa, el Ayuntamiento tuvo que contratar en 1906 los servicios de The Electric Company, una empresa de San Francisco, California.

Para atender los problemas de salud pública que se suscitaban por las malas condiciones de insalubridad e higiene, y a iniciativa del obispo Jesús María Uriarte y Pérez se construyó (1880-1887) el Hospital del Carmen, nosocomio que debe su nombre a doña Carmen Amador, una de sus más fervientes impulsoras.

La siguiente ola modernizadora del municipio vendría en los años cuarenta del siglo XX, y se inició con la construcción de la presa de Sanalona (1939) y continúo con la edificación las grandes obras hidráulicas de Adolfo López Mateos (1958), José López Portillo y Pacheco (1981) y Juan Guerrero Alcocer (1992), que permite practicar una agricultura moderna y de riego, con un sector especializado a la exportación principalmente de legumbres y frutas.

Nombre oficial Municipio de Culiacán
Estado Sinaloa, México
Cabecera municipal y Capital del Estado  Culiacán Rosales
Fundación 29 de septiembre de 1531
Población 858, 638
Gentilicio Culiacanense
Aeropuerto Aeropuerto Internacional de Culiacán
Comunicación terrestre Central Internacional de Autobuses
Código postal 80000